Corrupción y Educación de las Mujeres: Una Brecha por Cerrar

La corrupción afecta más a las mujeres que a los hombres, pues perpetúa y sobredimensiona la pobreza – y el mayor porcentaje de pobres en el planeta lo constituyen las mujeres. México es el país de América Latina donde se pagan los mayores niveles de soborno: de acuerdo a la OCDE, el 60% de las mujeres que trabajan en México se desenvuelven en el sector informal por lo cual inevitablemente terminan entrando a la red de corrupción a través de pagos de sobornos para poder realizar su trabajo. O sea, la corrupción afecta las finanzas de personas más pobres, en especial mujeres, y limita sus posibilidades de desarrollo personal.

La feminización de la pobreza se agrava también porque la corrupción drena recursos de los sectores de los cuales las mujeres dependen más que los hombres como los servicios de salud y educación, ya que la responsabilidad sobre los hijos suele recaer sobre ellas. Todo esto lleva a que las mujeres y las niñas no puedan romper el llamado “techo de cristal” – el conjunto de condiciones estructurales por las cuales las mujeres no alcanzar su máximo potencial.

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía de 1998, en “Development as Freedom” argumenta que el desarrollo no sólo debe ser visto desde el punto de vista de indicadores económicos, sino también en términos de libertades reales que la gente pueda disfrutar como facilidades económicas y oportunidades sociales. Sen visualiza un marco en el cual el desarrollo es la realización de libertad[1] y la abolición de “no libertades” como pobreza, hambruna y falta de derechos políticos. En ese sentido la corrupción puede ser definida como esa “no libertad” que debe ser abolida para que las mujeres y niñas alcancen los medios para su desarrollo.

La escuela puede ser un espacio para que las víctimas de un sistema corrupto ejerzan la libertad en la medida en que la escuela sea un espacio donde se promueva la integridad, el juego limpio, la rendición de cuentas y la equidad de género como hábitos.

De acuerdo a la plataforma ETICO, en el sector educativo la corrupción se manifiesta: a nivel central (desde los Ministerios) en escuelas ficticias y diplomas falsos, material escolar que desaparece, o atribución incorrecta de las becas escolares; o directamente dentro de las escuelas, por medio del cobro de cuotas escolares y el ausentismo de los profesores. Finalmente, la corrupción puede afectar directamente a las niñas en el caso de extorsión sexual, en la que el sexo es la moneda de cambio y al mismo tiempo es una forma de violencia de género dentro de la escuela. Cuando eso pasa dentro de la escuela, el fenómeno se normaliza y no se rompe la cadena de corrupción.

La relación entre corrupción y género es todavía nueva y faltan aún datos y desarrollar varias líneas de investigación para generar información más precisa. Es necesario un análisis comparado entre países; analizar la incidencia del género en la elaboración de políticas anticorrupción, así como hacer una investigación de los sectores donde la mujer está más expuesta como salud, educación y acceso a la justicia. Asimismo, un desglose por sexo de las víctimas de corrupción y de quienes hacen las denuncias.

A pesar de la carencia de información, hay razones para estar optimistas. El taller “Dialogo Anticorrupción y Género”, organizado el año pasado en Argentina por el Programa de Cooperación de la Unión Europea para la cohesión social en América Latina y Transparencia Internacional con el apoyo de ONU Mujeres, urgió las siguientes medidas: realizar un análisis y mapeo de los riesgos de corrupción con enfoque de género; incluir acciones concretas en los planes anticorrupción; crear bancos de casos y jurisprudencia que evidencien los impactos diferenciados de la corrupción y que puedan ser herramientas de capacitación; así como guías de investigación penal que permitan orientar la persecución penal a las redes de corrupción que facilitan la comisión de delitos como la trata de personas.
 
En la medida en que dentro de las escuelas se forme ciudadanía desde pequeños, se podría erradicar la corrupción y la desigualdad de género, así como la extorsión sexual como forma de corrupción a cambio de mejores notas o acceso cursos. Para ello, es necesaria una activa participación social de los padres de familia en labor conjunta con los directores y profesores.

México, a través la Secretaría de la Función Pública, suscribió el Decálogo Mujeres contra la Corrupción. En ese decálogo se considera que el combate a la corrupción no puede ser sólo una estrategia de vigilancia y sanción que requiere el impulso de una verdadera ética pública en el país.

Hay esperanza a pesar de la falta de información y la gravedad de las problemáticas porque las elecciones presidenciales pueden ser el detonante para poner estos temas sobre la agenda de los próximos gobiernos. Además, parafraseando a Sanjay Pradhan, Director Ejecutivo de la Alianza para el Gobierno Abierto, si existe una región que puede levantarse contra la corrupción y pelear los intereses establecidos en favor del ciudadano de a pie es Latinoamérica.


[1] Sen recalcaba la importancia de estos indicadores económicos para establecer benchmarks económicos. Buscaba una definición de desarrollo que fuera más allá de las tasas de crecimiento. Él proponía una definición expandida de desarrollo que incluyera libertades humanas como libertades políticas, facilidades económicas, oportunidades sociales, garantías de transparencia y seguridad social.
 
 

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Gender Equity

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